13 sept. 2016

¿Menstruar cuando no se cuenta con agua potable ni saneamiento?

Cuando yo tenía 12 años, me vino la regla. En ese entonces, cursaba Sétimo Grado en la Telesecundaria Chánguena (hoy Liceo Rural de Chánguena, en Buenos Aires de Puntarenas), y ni siquiera teníamos aulas suficientes ni pupitres para todos los estudiantes. Y sólo un váter blanco, viejo y medio quebrado que estaba dentro de un aula. Era horrible de usar, cero privado e inseguro. Pero eso no era lo peor... 

Resulta que en Chánguena centro, donde estaba el colegio, no había agua potable y la mayoría del tiempo el desabastecimiento de agua (traída directamente de un río) estaba a la orden del día. Por esa razón, cuando no había agua, las mujeres teníamos que usar otro servicio sanitario; uno de hueco, rodeado de latas de zinc herrumbradas, que olía asqueroso y estaba al lado de las únicas dos aulitas de que disponíamos, entre unos matorrales, al pie de una montaña.

El sanitario ni siquiera era del cole. Pertenecía a la cocinera y su esposo, que vivían cerca, y siempre fueron tan amables y comprensivos que nos lo prestaban sin cobrar ni el papel higiénico.


A veces, el camino hacia el baño se ponía resbaloso y repleto de barro. Y cuando una menos se lo esperaba, encontraba arañas, sapos y cucarachas rondando el servicio, porque, finalmente, era un sanitario de hueco en la montaña. Además, todas las chicas que andaban con la regla lo usaban. Entonces, el olor a sangre se mezclaba con suciedad, tierra mojada y bichos. ¡Todavía se me eriza la piel del asco! Pero, ¿qué otra cosa podíamos hacer?

Así que durante mi adolescencia, a la traumática experiencia del “dolor de ovarios” y la inflamación, había que sumarle la pesadilla de tener que ir al baño, sin después, poderse lavar las manos.

Pero yo siempre pensaba: “al menos en casa si hay un baño sanitario y agua” (debido a que en mi comunidad el agua había sido instalada por el AyA tras un gran esfuerzo de la sociedad civil, un par de años antes).

Eso era mucho mejor que donde vivían unas amigas en La Bonga, con un servicio de hueco en medio cafetal.

Por esa razón, ahora que Costa Rica se ha comprometido a luchar por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible bajo el lema de no dejar a nadie atrás, pienso mucho en el #6 - Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos y todas -, y me alegra imaginar que llegará el día en que todas las mujeres podrán contar con baños sanitarios decentes y seguros, que les ayudarán a sobrellevar esos días difíciles de andar con la regla.

Y digo llegará el día, porque yo viví todo esto y apenas tengo 25 años.

Incluso, según el Banco Mundial,  en Costa Rica, sólo el 92% de las personas que viven en zona rural tienen acceso a agua potable. Y en términos generales, la cantidad de población con acceso a instalaciones sanitarias pasó de un 88% en 1990 a un 95%, el año pasado. Esto representa un gran avance, claro, pero también indica que esa cosa tan común que es ir al baño se convierte en un imposible para algunas personas, en un país donde nos jactamos de defender los derechos humanos. 

La imagen usada es con fines ilustrativos. Pero se parece mucho a la real. 

6 comentarios:

Hazel Diaz dijo...

Una hermosa reflexión porque justamente parte de una empatía construida a partir de una vivencia, lo que la hace muy legítima y ante la cual somos podemos asombrarnos de pensar, no estamos hablando de hace 50 años o más, es hace muy poco. Y lo más duro es saber que existen muchos pueblos que tienen esa condición actualmente, por lo que hay un largo camino aún por andar en temas de saneamiento. Saludos amiga, un abrazo

Mariela dijo...

Me identifico tanto coneste texto , recordando mi infancia ❤️

Aurora Gámez dijo...

Floribeth, este relato es mágico! Vivencia de todas. Felicidades por ese don de la escritura.

Diego Valverde dijo...

Bien Flory diste en el punto.
Realidad de muchos habitantes de nuestras comunidades costarricenses.

Diego Valverde dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Daniel Araya dijo...

Excelente reflexión Flory