2 sept. 2016

¡Es hora de educar hombres distintos!

Muchas mujeres podemos hablar hasta el infinito y más allá sobre el machismo y la masculinidad retrógrada de la que hemos sido víctimas históricamente. 

Y es que, seamos claras, el Segundo Estado de los DDHH de las Mujeres en Costa Rica, publicado en 2015, concluyó que el machismo impera en la realidad social, sexual, y política del país. 

En mi familia, por ejemplo, cosas como conducir, administrar tu propio dinero, tomar decisiones importantes y luchar por tus sueños es básicamente cosa de hombres. De mujeres más bien es ser sumisa, hacer oficio, cuidar a tu marido y criar niños.

¡No me malentiendan! Yo no creo que esté mal querer ser madre y ama de casa, siempre y cuando esa sea la decisión de la mujer y no la imposición de la sociedad o los hermanos. 

No obstante, gracias al Cielo, recientemente me he topado con hombres distintos: pioneros en la construcción de nuevas masculinidades. Lo cual me encanta. Pero lo que más me gusta es que son hombres feministas auténticos, no seudofeministas o postmachistas de los que hay muchos.


Son hombres que no instalan trampas como las que la cultura patriarcal ha puesto en práctica "para mantener el status quo de la desigualdad entre los géneros, pero con argumentos que se pretenden igualitarios”, como diría Lorente Acosta.

Sino que se trata de hombres que huyen de esas máscaras en las que la sociedad les ha exigido vivir por mucho tiempo: siempre siendo fuertes, sin poder mostrar sus sentimientos, pretendiendo que son el “macho man”, los "todopoderosos" o los galanes que sólo ven a las mujeres como objeto sexual. 


Por eso, me encanta ver hombres que no solamente toleran sino que apoyan las ideas y sueños de sus esposas, hermanas o madres. Hombres capaces de luchar por un cambio contra el sistema que nos ha recluido a nosotras, las mujeres, a una posición donde no somos dueñas de nuestro cuerpo ni de nuestras decisiones, de nuestro dinero ni de nuestro tiempo. Hombres que reconocen que estamos lejos de vivir en un mundo equitativo pero que están dispuestos a poner su grano de arena para hacerlo realidad.

Eso sí, a veces pienso que en esta sociedad machista a los hombres les ha tocado también un rol asfixiante, y que la construcción de nuevas masculinidades, el romper los estereotipos, el deconstruir los roles de género, la lucha por la equidad y el feminismo nos beneficia a ambos por igual: Ellos, por su parte, no se verían "obligados" a reproducir un rol con el que, quizás, no se sientan identificados. 

Imaginemos que chiva sería educar más hombres distintos. Influir en la formación de hombres feministas, que luchen por la justicia y la equidad de género. Personas que tengan la oportunidad de amar sin las limitaciones sobre lo que debe hacer o no hacer un "verdadero hombre", con la libertad de ser auténticos y vivir a plenitud. 

Pero, para lograr todo eso es necesario aportar como padres, madres, tías o tíos, abuelos, abuelas, hermanos, hermanas, ejemplos a seguir... inspirando, desde nuestras trincheras, a las nuevas generaciones de hombres y mujeres.

Como periodistas, por ejemplo, podemos comunicar con justicia y equilibrio sobre la desigualdad de género; podemos erigirnos como voceros y voceras de la necesidad de cambiar los roles de género socialmente impuestos y darles una mayor libertad a las nuevas generaciones; reforzando así la dignidad humana. 

También, podemos crear espacios (documentales, medios alternativos, columnas de opinión o programas de radio) donde pongamos esta discusión sobre la mesa, elevando su nivel con argumentos válidos, que nos hagan entender que sí se puede, que es hora de educar hombres distintos. 

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