18 abr. 2014

Las cosas que provocan verdadera felicidad no se compran ni se alquilan

He notado en las últimas semanas cómo algunas personas creen que yo soy feliz porque vivo en un apartamento amplio y cómodo o porque conduzco un carro del año. He visto cómo me miran y las cosas que me dicen tipo: Se nota que te está yendo bien (con tono de ojalá te estuviera yendo menos bien). Y por eso decidí escribir esta reflexión - más para mí que para nadie -.

Yo no soy feliz porque gaste la mitad de mi salario, cada mes, en el alquiler de un apartamento y la mensualidad de un Toyota. Eso me alegra la vida, pero no lo es todo: Me niego a que las deudas y pagar por lo ajeno lo sean todo y punto.



Soy feliz porque supe lo que fue la depresión más extrema. Soy feliz porque sé lo que fue vivir dos años enamorada de hombres que me trataron más mal que a su peor enemigo. Soy feliz porque durante meses sentí el más profundo de los vacíos en mi corazón: No podía reír de verdad ni sentir alegría auténtica. Estaba muerta en vida y mis mejores amigos pueden servir de testigos de que lo que escribo hoy es completamente cierto.

Soy feliz porque durante el año 2013 pensé más veces en el suicidio que ninguna otra persona en el mundo.

Soy feliz porque hoy por hoy, todo eso cambió. No sé cómo, pero las heridas de mi corazón han ido cerrando.



Ahora soy feliz cuando escucho con el alma el sonido de los pájaros mientras estoy en mi casa de Pérez Zeledón; disfruto de un paseo a caballo en la finca de mi padrino; valoro ir a la playa o a las piscinas con mi hermano y su novia.

Soy feliz cada vez que mi ahijada me sonríe y me besa; cada vez que abrazo a mi madre o duermo en su rincón; cada vez que le presto el carro a mi hermano para que él lo conduzca y con eso hago que se sienta como el propio Toreto de Rápidos y Furiosos.



Soy feliz cuando voy a cenar con mis amigos, cuando voy al cine con mis primas, cuando me levanto a las siete de la mañana y me pongo a ver una película en el computador, cuando me levanto a las 4:30 a.m. para hacer spinning o cuando paso toda la noche leyendo un libro.

Soy feliz cuando me pongo un vestido hasta los tobillos, me quedo sin peinar, me pinto las uñas de colores raros, escribo en este blog o estudio italiano.



Soy feliz por todas esas cosas, por las que no puedo pagar, pero que antes me eran ajenas, lejanas, impersonales, y ahora me calan en lo más profundo. Ese es el gran misterio de mi vida. ¿Qué les puedo decir? No es que esté saltando de la alegría las 24 horas; eso no existe. Pero sí, soy feliz y estoy agradecida con el de arriba por esta segunda oportunidad. Es todo. ;)