27 oct. 2013

Gracias a mi mamá!

Hoy decidí no quejarme. Preferí decir gracias.

Gracias a Dios porque mi mamá biológica no me quiso, porque me abandonó, porque me dejó en casa de mi abuelita y no regresó por mí.

Gracias porque tuve una madre que me ama hasta el extremo. Gracias porque esa madre ha sabido criarme, me ha mostrado el amor de Dios hecho humanidad y hoy en día, incluso cuando ya no vivo con ella, es la que me hace compañía.


Sé que soy la hija por la que más lágrimas ha derramado, sé que la he lastimado miles de veces y que la traicioné, le fallé y hasta la avergoncé, pero también sé que desde el mismo momento en que cometía mi error, ella me perdonaba.

No tengo excusas ni justificaciones. Uno como hijo, muchas veces falla.

Sin embargo, cada vez que necesito un consejo, un abrazo, una oración o una sonrisa; ella está ahí para mí. Es mi gran orgullo, mi musa principal, mi motivación y mi razón para seguir aquí.

Sé que no tengo su humildad ni su fuerza, que me falta mucha de su fe y de su convicción, pero también sé que he aprendido mucho de ella.


Aprendí viendo. Vi cómo enterraba a su esposo y se hacía cargo de una casa cuando ya era una mujer mayor. Vi como enterraba a su hijo y en esa misma noche contaba con una sonrisa las travesuras de mi hermano en la escuela. Vi cómo lo vendía todo para construir una casa en Pérez Zeledón y darme la oportunidad de ser la profesional que soy hoy.

Por ella, por sus sacrificios, por su apoyo incondicional es que decidí hoy dar gracias... porque se ha sacrificado para que yo tenga la vida que tengo, es que decido seguir, avanzar, crecer, mejorar y aspirar a ser algún día, aunque sea un poco, parecida a ella. (Te amo viejita!)

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